Vivo en un pequeño pueblo de las afueras de Madrid. A dos kilómetros, hay otro pueblo algo más grande. Hasta hace poco, disfrutaba de un centro de salud con urgencias. La Comunidad de Madrid cerró las urgencias hace unos meses. Ahora hay que acudir al Hospital Universitario Infanta Sofía, con escaso personal y saturación de pacientes. En una ocasión sufrí un cuadro de hipertensión y coincidí en urgencias con una antigua alumna que sufría peritonitis. Tardaron cuatro horas en atenderla y yo me marché a otro hospital tras una espera algo mayor. Detrás del rancio patriotismo de la derecha, únicamente hay un despiadado darwinismo social. Solo eso explica que en Madrid se cierren urgencias, se recorte un 30% el presupuesto destinado a la alimentación de los ancianos ingresados en residencias de la tercera edad, se vendan viviendas sociales a fondos buitre, se suprima el bachillerato presencial para adultos, se paralice la Renta Mínima de Inserción, se mantenga sin electricidad a los niños de la Cañada Real Galiana o se rebaje un 53’7% la inversión en hospitales públicos.
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